POR IRENE AGUILAR, CEO DE BACANA / 10 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Cuando una persona busca un producto, un servicio o una experiencia, cada vez es más habitual que consulte a ChatGPT, Gemini, Claude o Perplexity. Por eso, aparecer en internet ya no basta. Una marca necesita ofrecer información clara, fiable y coherente para que los modelos puedan contextualizarla y considerarla una fuente relevante.
El SEO tradicional busca mejorar la posición de una página en los resultados de los buscadores. Sin embargo, el posicionamiento en IA aspira a que el sistema seleccione una empresa, un producto o un contenido como referencia al construir su respuesta. Para lograrlo, los modelos, contrastan lo que una marca dice de sí misma con lo que publican otras fuentes.
Y ahí es donde la comunicación juega un papel fundamental. Cuando una empresa aparece de forma consistente y constante en medios, entrevistas, estudios, directorios profesionales y colaboraciones editoriales, los modelos encuentran más pruebas sobre su existencia y experiencia.
Por ejemplo, aparecer en Top Comunicación contribuye a reforzar la presencia y credibilidad de una marca en internet. Este tipo de menciones en medios especializados aporta contexto y fuentes externas que pueden ayudar a los sistemas de inteligencia artificial a identificar una empresa, comprender a qué se dedica y asociarla con determinadas búsquedas.
Esta disciplina, conocida también como posicionamiento GEO o Generative Engine Optimisation, no sustituye al SEO, sino que lo amplía hacia entornos en los que el usuario recibe una respuesta más elaborada en lugar de una lista de enlaces.
Desde Bacana, abordamos esta evolución desde una estrategia de marketing digital que conecta contenido, autoridad, tecnología y reputación. El objetivo no consiste únicamente en generar tráfico, sino en conseguir que la marca forme parte de las respuestas que orientan una decisión.
Llevamos veinte años construyendo precisamente ese tipo de presencia para nuestros clientes: cobertura en medios, colaboraciones editoriales y una narrativa coherente que se mantiene en cada canal en el que aparece la marca. Esa consistencia, que durante años ha servido para ganar autoridad ante los buscadores, cumple hoy una función añadida: entrenar a los modelos de IA a reconocer, contextualizar y citar correctamente a la marca cuando alguien pregunta por ella.
En este contexto, las marcas que empiecen a trabajar en este ámbito ahora no solo tendrán más oportunidades de aparecer en los buscadores tradicionales. También podrán convertirse en la respuesta que una inteligencia artificial ofrezca cuando alguien pregunte por aquello que mejor hacen.
Porque en un entorno en el que las decisiones empiezan cada vez más con una pregunta a la IA, ser visible ya no es suficiente: hay que ser una fuente en la que el sistema pueda confiar.







