POR PAT GONZÁLEZ, CEO DE A BORDO LAB Y CONSULTORA ESTRATÉGICA EN COMUNICACIÓN DE ECONOMÍA AZUL / 2 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Cuando trabajamos en un sector especializado, es muy habitual que la comunicación se construya desde dentro: hablamos de nuestros proyectos, utilizamos nuestros conceptos, un lenguaje técnico y damos por hecho que el interés de aquello que hacemos resulta evidente. Sin embargo, lo que es relevante para una industria no necesariamente lo es para un medio de comunicación, y mucho menos para alguien que no conoce ese ámbito.
El primer reto, por tanto, no es decidir qué queremos contar, sino preguntarnos por qué eso debería ser noticia. Puede ser por un cambio que afecta a un sector, un dato que ayuda a entender una tendencia, una innovación, una nueva regulación, su impacto económico o social, o un debate que merece ser explicado. La clave está en encontrar esa puerta de entrada que permita traducir un conocimiento especializado en algo relevante para quien está fuera.
Entender al periodista también nos obliga a mirarnos desde fuera
Una vez identificado ese interés, es el momento de conocer el perfil del medio y periodista al que queremos llegar. La prensa económica estará interesada en el crecimiento de un negocio, una inversión, la evolución de un sector y el impacto económico que puede tener en la sociedad actual. La prensa tecnológica se enfocará en otros elementos como la funcionalidad de un producto y el potencial del mismo, diferente de un periodista enfocado en salud, sostenibilidad, temas legales, etc. Entender y conocer la actualidad de nuestro sector y de qué manera trabaja “tu prensa” no es baladí.
Este análisis nos ayudará a entender qué necesita cada medio para desarrollar la información y facilitar los elementos para construir una pieza informativa de calidad. Este trabajo ayuda a reconocer con el tiempo cuándo tenemos realmente algo que aportar y cuándo nuestra comunicación responde más a una necesidad interna de la organización que a un interés editorial.
Llegado a este punto, reconocer quién es la fuente más idónea para cada momento de la comunicación es clave. La empresa no tiene por qué ser siempre la única voz. Dependiendo del tema, puede ser interesante incorporar a un investigador, una organización, un profesional independiente, un usuario o cualquier otra persona que pueda aportar conocimiento, contexto o una perspectiva diferente. Comunicar desde un sector especializado no debería significar hablar únicamente con quienes ya lo conocen. Precisamente uno de los retos está en encontrar nuevas puertas de entrada y nuevas voces capaces de ampliar la conversación.
Cuando el formato también forma parte de la historia
La manera en la que consumimos información también ha cambiado cómo planteamos los contenidos. Una investigación compleja puede necesitar una entrevista extensa; un análisis de datos puede funcionar mejor en un reportaje; una cuestión que genera diferentes posiciones puede tener sentido en un podcast o una conversación; y determinados contenidos pueden encontrar una mayor capacidad de divulgación en vídeo.
Por eso, el formato no debería decidirse al final, cuando el contenido ya está preparado. La elección de cómo contar una historia condiciona cuánto podemos explicar, a quién podemos llegar y qué tipo de relación podemos establecer con quienes la reciben. También debemos entender la omnicanalidad que hoy presentan los medios: los canales tradicionales conviven actualmente con newsletters, podcasts, plataformas digitales, redes sociales, creadores de contenido y comunidades especializadas. Debemos asumir que existen diferentes lenguajes, públicos y asumir que no todos los temas tienen que convertirse en una nota de prensa.
La economía azul: un reto de comunicación por su diversidad
La economía azul es un buen ejemplo de esta complejidad. Bajo este concepto conviven investigación y divulgación científica, biotecnología, energías marinas, puertos, pesca, náutica, entre otros ámbitos que, aunque comparten su relación con el mar, responden a realidades y necesidades muy diferentes.
En A Bordo Lab, donde trabajamos en innovación y cambio sistémico dentro de este ámbito, esto se refleja también a la hora de comunicar. El enfoque cambia según el tema y el medio al que nos dirigimos: un proyecto relacionado con IA puede encajar en un medio de tecnología o innovación; unos datos sobre el impacto ambiental de una actividad pueden interesar a medios de sostenibilidad o a un generalista; y una nueva solución para el sector naval puede tener recorrido en medios económicos o industriales. No cambia el contenido, cambia la manera de plantearlo para encontrar el espacio editorial adecuado.
Por eso, no se trata de comunicar la economía azul como un bloque, sino de entender qué tiene de relevante cada tema y dónde puede tener sentido contarlo. Trabajar sobre contenidos, narrativas, formatos, canales, audiencias y comunidades permite precisamente abrir esas posibilidades y evitar que la comunicación se quede limitada a los medios y profesionales que ya conocen el sector.
Quizá el verdadero reto no sea conseguir que los medios hablen más de determinados sectores, sino conseguir que estos sectores también se pregunten cómo quieren formar parte de la conversación pública.
Eso implica estar dispuestos a escuchar antes de hablar, a probar otras formas de contar lo que hacen y a salir, cuando sea necesario, de los códigos propios de la industria. Porque comunicar un sector especializado no consiste en simplificar su complejidad, sino en hacerla relevante para quienes todavía no forman parte de ella.
Y, en última instancia, quizá esa sea la diferencia entre conseguir cobertura y conseguir que alguien realmente quiera escuchar.
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