jueves, mayo 21, 2026

Víctor Bottini: «La ciudadanía tiene cada vez más dificultades para distinguir entre información veraz y falsa»

POR REDACCIÓN, 21 DE MAYO DE 2026

Víctor Bottini es CEO de Bottini y presidente de la Comisión de Marketing, Comunicación y Proyección de Negocio del Colegio de Economistas de Catalunya. En esta entrevista, comenta algunas de las principales conclusiones del estudio Los Fakes de Economía y Empresa, elaborado por el Colegio de Economistas de Catalunya.

Una vez se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona y obtuvo el postgrado universitario de Comunicación Empresarial por el idEC de la Universidad Pompeu Fabra, Víctor Bottini fue nombrado director de la agencia de servicios plenos de comunicación Dupont, Dupond & Asociados, que fundó su padre. Esta empresa con el tiempo se ha convertido en la actual Bottini, que es una organización especializada en producir, redactar y divulgar contenidos de economía y empresa para los medios de comunicación, redes y webs, prestando servicio a instituciones y empresas.

Es Premio Joan Sardà Dexeus 2019 a la mejor trayectoria en la difusión de la economía; presidente de la Comisión de Marketing, Comunicación y Proyección de Negocio del Colegio de Economistas de Catalunya. También dirige, produce y presenta diferentes programas y espacios radiofónicos especializados en economía para Onda Cero Catalunya y RNE4. Además, ha sido economista colaborador para el programa Tinc una idea de TVE Cat. y redacta tribunas de opinión para Expansión Catalunya.

    Decidimos, desde la Comisión de Marketing, Comunicación y Proyección de Negocio del Colegio, elaborar e impulsar este estudio porque observamos que la desinformación económica ya no es un fenómeno aislado ni anecdótico, sino una realidad creciente que afecta directamente a ciudadanos, empresas y profesionales. La digitalización y el uso masivo de redes sociales han convertido Internet en una de las principales fuentes de información económica, pero también en un espacio donde proliferan contenidos falsos, engañosos o manipulados.

    Nos preocupaba especialmente que este tipo de desinformación influya en decisiones financieras, fiscales o de inversión que pueden tener consecuencias económicas muy reales. Además, estudios internacionales reflejan que la ciudadanía tiene cada vez más dificultades para distinguir entre información veraz y falsa, especialmente desde la irrupción de la inteligencia artificial generativa y los deepfakes.

    Por ello, el objetivo principal del trabajo ha sido sensibilizar a la ciudadanía, identificar las tipologías de fake más recurrentes y aportar herramientas y recomendaciones para detectarlas y prevenirlas.

    El principal diagnóstico es claro: estamos ante un problema estructural. El análisis de 100 casos reales durante 2025 demuestra que la desinformación económica tiene patrones recurrentes, metodologías muy definidas y una capacidad de expansión muy elevada en entornos digitales.

    No hablamos únicamente de noticias falsas, sino de ecosistemas enteros de fraude, manipulación y engaño vinculados a inversiones, fiscalidad, formación financiera o suplantaciones de identidad. El hecho de que las suplantaciones representen el 33% de los casos analizados y los llamados “quioscos financieros” otro 23% demuestra que existe una industria organizada alrededor de este tipo de prácticas.

    Además, el problema afecta transversalmente a toda la sociedad. Impacta a ciudadanos que pueden perder dinero o tomar malas decisiones, a empresas cuya reputación puede verse dañada y también a profesionales e instituciones que ven erosionada la confianza pública.

    La suplantación funciona precisamente porque explota uno de los elementos más valiosos en economía y comunicación: la confianza. Cuando un contenido utiliza la imagen, la voz o el nombre de un economista reconocido, una entidad financiera, una administración pública o una marca consolidada, muchas personas reducen automáticamente su nivel de alerta.

    El estudio demuestra que esta tipología representa el 33% de los casos analizados, convirtiéndose en la práctica más habitual. Esto ocurre porque los usuarios tienden a asociar notoriedad con credibilidad. Si aparentemente un experto financiero recomienda una inversión o una institución avala un determinado producto, el mensaje gana legitimidad de forma inmediata.

    Además, la inteligencia artificial ha sofisticado enormemente estas prácticas mediante deepfakes, clonación de voz o montajes audiovisuales muy realistas, dificultando todavía más la detección del engaño. El problema no es solo tecnológico, sino psicológico: los fraudes funcionan porque aprovechan sesgos de confianza y autoridad.

    Porque conectan directamente con preocupaciones cotidianas y emocionales de la ciudadanía. Los impuestos, las herencias o las donaciones generan incertidumbre, desconocimiento y, muchas veces, preocupación económica. Esto convierte cualquier mensaje que promete “pagar menos”, “evitar impuestos” o “descubrir un supuesto secreto fiscal” en un contenido altamente viralizable.

    El estudio detecta que gran parte de estos contenidos mezclan conceptos reales con interpretaciones incorrectas o directamente falsas, lo que los hace especialmente peligrosos. Muchas veces no son mentiras completamente inventadas, sino medias verdades descontextualizadas que generan confusión.

    Además, las redes sociales favorecen mensajes simplificados y emocionales frente a explicaciones técnicas o rigurosas. En fiscalidad, donde la normativa suele ser compleja, eso crea un terreno perfecto para la propagación de consejos engañosos.

    El impacto reputacional puede ser muy grave. Cuando una empresa o un directivo son utilizados en campañas fraudulentas, aunque sean víctimas y no responsables, la confianza puede verse afectada igualmente.

    En comunicación corporativa, la reputación se basa en credibilidad, coherencia y confianza. Un fake puede erosionar esos tres pilares en muy poco tiempo, especialmente en redes sociales, donde la velocidad de difusión supera muchas veces la capacidad de reacción de las organizaciones.

    Además, estas situaciones pueden generar pérdidas económicas, reclamaciones de clientes, incremento de la desconfianza hacia la marca e incluso afectar al valor corporativo. En sectores financieros o económicos el riesgo es todavía mayor, porque cualquier percepción de inseguridad puede influir en decisiones de inversión o consumo.

    Por eso el estudio insiste en la importancia de la verificación y la alfabetización digital y financiera como elementos esenciales de prevención.

    La inteligencia artificial tiene efectivamente una doble dimensión. Por un lado, ha democratizado la creación de contenidos falsos cada vez más sofisticados y realistas; pero, al mismo tiempo, también ofrece herramientas muy útiles para detectarlos.

    El equilibrio debe abordarse desde una visión complementaria. La tecnología puede ayudar a identificar patrones sospechosos, alteraciones audiovisuales o contenidos sintéticos, pero no puede sustituir completamente el criterio humano ni la verificación profesional.

    El trabajo realizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universitat de Girona, que ha colaborado académicamente en el estudio en este apartado, precisamente analiza distintas herramientas de IA orientadas a detectar fake news y deepfakes, valorando aspectos como la fiabilidad, la accesibilidad o la usabilidad. Herramientas como Gemini, GPTZero, Vastav o Is Fake IA pueden ser útiles como apoyo, pero siempre deben acompañarse de pensamiento crítico, contraste de fuentes y conocimiento especializado.

    En definitiva, la solución no será únicamente tecnológica. Hará falta educación digital, alfabetización financiera y una cultura de verificación mucho más sólida.

    Sí. Una de las principales conclusiones del estudio es que la lucha contra la desinformación económica no puede recaer únicamente en expertos o instituciones. Es un reto colectivo que requiere implicación de administraciones, empresas, medios de comunicación, universidades y ciudadanía.

    También creemos que es importante normalizar hábitos básicos de verificación: desconfiar de mensajes excesivamente impactantes, contrastar fuentes, consultar organismos oficiales como la CNMV, que dispone de listado de empresas no autorizada para operar, y evitar compartir información sin comprobarla previamente.

    Finalmente, el estudio pone de relieve que la alfabetización digital y financiera será una de las competencias más importantes en los próximos años. En un entorno donde la inteligencia artificial hará cada vez más difícil distinguir lo real de lo falso, desarrollar un pensamiento crítico será esencial para proteger tanto a las personas como a las organizaciones. Por todo ello, desde el Colegio de Economistas de Catalunya vamos a poner en marcha el Observatorio de los Fakes de Economía y Empresa.