POR LULA BUENO, POLÍTOLOGA, CONSULTORA DE COMUNICACIÓN POLÍTICA Y DIRECTORA DE POLITY.ES / 7 DE OCTUBRE DE 2026
España entra en un ciclo electoral que comienza con las generales anticipadas del 29 de noviembre y continuará con las municipales y autonómicas del 23 de mayo de 2027. Quienes trabajamos en campañas conocemos bien lo que viene: decisiones urgentes, tareas que se acumulan y la sensación de que siempre haría falta más tiempo, más gente o más presupuesto. La inteligencia artificial permite afrontar parte de ese trabajo con una capacidad que hasta hace poco exigía estructuras y presupuestos mucho mayores.
La tecnología siempre ha cambiado las campañas. El ferrocarril permitió visitar más localidades en menos tiempo; la radio llevó los discursos a los hogares; la televisión añadió la imagen y dio más peso a los gestos, e internet facilitó la comunicación directa y la organización de simpatizantes. La IA amplía ahora la capacidad del equipo para analizar información, gestionar datos, preparar al candidato, explorar mensajes y producir contenidos. Nathan Sanders, coautor con Bruce Schneier de Rewiring Democracy, explica que esta tecnología amplía lo que una persona puede hacer por sí sola. A esa capacidad aplicada al equipo la llamo campaña aumentada: con los mismos medios, podemos abarcar más trabajo y asumir tareas que antes quedaban fuera de nuestro alcance.
Las campañas siempre han investigado, preparado al candidato, probado mensajes y creado contenidos. La profundidad y la continuidad de ese trabajo dependían, en buena medida, del tiempo, el dinero y las personas disponibles. La IA facilita esas mismas tareas y reduce el esfuerzo y el coste necesarios para realizarlas, poniendo al alcance de más equipos un trabajo que antes resultaba demasiado costoso o solo podían hacer de forma ocasional.
Esa ampliación se ve en el trabajo cotidiano. La IA puede ordenar noticias, documentos y bases de datos, comparar programas, localizar antecedentes y ayudar a seguir cómo evoluciona la conversación sobre un asunto. Un equipo puede investigar con más profundidad y mantener ese seguimiento durante semanas sin dedicarle todas sus horas. Esa información también permite preparar mejor al candidato: reunir datos y posiciones de sus adversarios, ensayar preguntas difíciles y detectar contradicciones antes de una entrevista o un debate. El tiempo que antes se iba en buscar y clasificar puede dedicarse a entender lo que ocurre y preparar una respuesta.
También podemos probar mensajes con grupos de discusión sintéticos: perfiles creados con inteligencia artificial que simulan distintas respuestas y permiten explorar posibles reacciones, objeciones y malentendidos. Funcionan como un sparring para comparar ideas y decidir cuáles merece la pena desarrollar, cuáles reformular y cuáles descartar. Cuando hay recursos, lo ideal es contrastarlas después con grupos de personas reales. Pero en campañas que no pueden testearlo todo de esa manera, este pretest permite someter el mensaje a una primera prueba estructurada, detectar aspectos que el equipo podría haber pasado por alto y trabajar con más elementos de juicio que sus propias impresiones.
En la creación de contenidos, una misma propuesta puede convertirse en un discurso, un folleto, una imagen o un guion de vídeo con mayor rapidez y menor coste. Eso permite producir más materiales y comunicar con mayor continuidad
La oportunidad está en saber que, con equipo y recursos limitados, campañas locales pueden investigar, ensayar y crear piezas de comunicación en una dimensión que antes estaba reservada a organizaciones con mucha potencia presupuestaria.
Para aprovechar esa capacidad, el equipo tiene que hacer algo más que revisar resultados. Eso que se llama human in the loop empieza por guiar el trabajo, elegir las preguntas, orientar el análisis y decidir qué tiene sentido. Un mensaje puede estar bien escrito y llegar en mal momento; una respuesta puede sonar impecable y no parecerse al candidato. Para reconocer esas diferencias hacen falta sensibilidad, intuición, experiencia y oficio. Ese criterio permite dar dirección a todo lo que la tecnología pone a nuestro alcance.
En Pompeya quedaron peticiones de voto pintadas en las paredes antes de la erupción del año 79. Casi dos mil años después, hacer campaña sigue consistiendo en que unas personas movilicen a otras hacia un objetivo común. El candidato, el equipo, los voluntarios y los electores seguimos siendo los protagonistas. La IA es probablemente la herramienta más poderosa que hemos tenido para hacer ese trabajo, pero de nosotros dependen el rumbo de la campaña, la confianza que logremos construir y las decisiones que después tendremos que sostener.







