POR ALBERT ROS, CO-FUNDADOR Y DIRECTOR EJECUTIVO DE JIRADA / 20 DE OCTUBRE DE 2026
A las empresas les pedimos cada vez más agilidad: desarrollar nuevos productos, ajustar precios ante los cambios del entorno económico y responder con rapidez a los movimientos de la competencia. Sabemos que esperar a tener todos los datos puede significar perder una oportunidad; tomar decisiones con información incompleta, criterio y capacidad de corrección forma parte inherente de la gestión diaria.
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En el ámbito de la comunicación, esta exigencia adquiere una nueva dimensión. La reputación de una marca ya no se construye exclusivamente a partir de lo que una compañía decide comunicar. También depende de lo que otros dicen de ella, de cómo
interpretan sus decisiones y de las conversaciones que se generan a su alrededor. Las redes sociales han acelerado este cambio, convirtiendo la reputación en un proceso mucho más abierto, participativo y dinámico. Las marcas ya no pueden controlar todas las
conversaciones, pero sí decidir cómo participan en ellas.
Es por este motivo que debemos atrevernos a buscar el trade-off perfecto entre la planificación y la adaptación en tiempo real. Reaccionar a la respuesta de un cliente, a una novedad corporativa o al valor récord de una acción no debe tratarse como algo anómalo, sino como parte del business as usual. En este escenario, las redes sociales y la escucha activa se convierten en elementos clave para detectar las conversaciones relevantes e identificar cuándo y cómo activar la estrategia de comunicación en tiempo real de una compañía.
Reaccionar con rapidez, pero con consistencia estratégica
El reto creativo reside en entender los formatos y las dinámicas de participación que favorecen la distribución en los algoritmos de las plataformas, y construir una metodología capaz de combinar la producción de contenidos a escala, contenidos de IA, y content transformation, adaptándolos siempre a una personalidad propia.
Podemos compartir los códigos de una tendencia aportando una mirada distintiva. Esta combinación permite trabajar el alcance y, al mismo tiempo, construir memoria de marca, sin olvidar jamás los objetivos de negocio subyacentes ni caer en la conversación banal.
Sin embargo, participar en tiempo real no significa sumarse a todas las tendencias. Tan importante como identificar una oportunidad es saber cuándo una conversación no aporta valor a la marca. La relevancia no debería medirse únicamente por la capacidad de generar visualizaciones o interacciones, sino también por su contribución al posicionamiento que queremos construir. En ocasiones, decidir no participar es también una decisión estratégica.
En este contexto, la reputación deja de depender únicamente de las grandes campañas o de los momentos de máxima exposición. Se construye también en cientos de pequeñas interacciones: una respuesta a un cliente, la manera de gestionar una crítica, la participación en una conversación cultural o la capacidad de aportar una perspectiva propia sobre un tema de actualidad. Cada uno de estos puntos de contacto contribuye a definir cómo se percibe una marca y qué lugar ocupa en la mente del consumidor.
Del contenido en redes al posicionamiento para IA (GEO)
A esta realidad se suma un nuevo actor: la inteligencia artificial. Las conversaciones, opiniones y contenidos que circulan por el ecosistema digital no solo condicionan la percepción de los consumidores, sino que también pueden influir en cómo una marca aparece representada en las respuestas generadas por los sistemas de IA.
Desde nuestra herramienta propia de análisis GEO, observamos la importancia de la
información que los modelos encuentran y utilizan para comparar empresas, productos y servicios. Cuando un consumidor pide a una inteligencia artificial que compare o valore marcas, recibe una respuesta apoyada en información procedente de distintas fuentes del
ecosistema digital. Tanto el contenido propio como lo que difunden medios, creadores o clientes pueden contribuir a esa representación.
Esto añade una nueva dimensión a la reputación corporativa y al posicionamiento en buscadores y respuestas de IA: la necesidad de construir información clara, accesible y respaldada por evidencias que pueda servir de referencia a los modelos de lenguaje (LLMs). Publicar más no garantiza ser recomendado. Debemos identificar los momentos precisos en los que entrar en la conversación y hacerlo mediante un plan de acción que equilibre la flexibilidad del medio, las inquietudes del consumidor y la estrategia de la marca.
Cada respuesta y cada contenido dejan una huella que puede influir en futuras opiniones. Por eso, la agilidad que exigimos al negocio debe trasladarse también a la comunicación: decidir a tiempo, aportar con criterio y mantener una identidad reconocible. Las marcas ya no pueden decidir cuándo se habla de ellas, pero sí cómo quieren formar parte de esas conversaciones. El desafío no consiste en estar presentes en todas partes ni en ser siempre los primeros en reaccionar, sino en conseguir que cada intervención, por pequeña que sea, contribuya a construir una reputación sólida y coherente.
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