sábado, marzo 2, 2024

El caso de la muerte falsa de la exministra: El Viejo Periodismo contra las «Fake News»

ARTÍCULO DE MARÍA IRAZUSTA (IRAZUSTA COMUNICACIÓN). Primera vez que nos topamos con una muerte falsa en nuestra agencia de comunicación. Hace unos días se produjo un hecho mediático que tristemente es cada vez más frecuente en el viciado ecosistema mediático. Una cuenta de Twitter falsa se hacía eco de una noticia falsa difundida por otra cuenta de Twitter, también falsa, que había anunciado la muerte de una conocida exministra de un gobierno de España.

Por María Irazusta, Fundadora y CEO de Irazusta Comunicación / 14 de abril de 2023

La noticia se propagó como la pólvora entre diversos medios nacionales y regionales que no dudaron ni por un segundo de su veracidad y difundieron en sus portales digitales con letras de molde, como se decía antes, algo que resultó ser de todo punto falso.

Afortunadamente, no todos los medios se tiraron a la piscina vacía de veracidad. Fueron muchos los que no contribuyeron a la ceremonia de la confusión, y se pusieron en contacto con nosotros para contrastar la no noticia, ya que la exministra lidera una asociación de la que gestionamos la Comunicación. Al parecer, todo fue obra de Tommaso Debenedetti, un periodista -cuesta llamarlo así- italiano y profesor de escuela en Roma que durante años escribió entrevistas falsas a personalidades como Gorbachov, el Dalai Lama y el Papa Benedicto XVI, que se publicaron en periódicos regionales italianos.

Debenedetti lleva años poniendo en evidencia las debilidades del periodismo mundial creando cuentas falsas en redes sociales desde las que difunde infundios que se propagan a velocidad de vértigo sin la más mínima comprobación. Las acciones de este agitador informativo dejan al descubierto una práctica tan antigua como el periodismo: la desinformación. Porque las mentiras informativas han cundido por la prensa desde sus mismos orígenes, como bien saben propagandistas de toda índole, que se han servido de los medios para divulgar informaciones falsas que convienen a sus intereses.

La tecnología, los nuevos canales de comunicación, han catapultado la vieja práctica de “intoxicar” la opinión pública con mentiras y medias verdades, porque nunca ha sido más fácil difundir esa cosa tan vieja que ahora llamamos “fake news”. La paradoja está en el hecho de que las redes han hecho más fácil el trabajo periodístico haciendo accesibles a las fuentes oficiales, pero también han hecho posible que cualquiera se convierta en un pseudo periodista, o peor, en una pseudo fuente y difunda informaciones que surcan los mares cibernéticos y llegan a todos los puertos sin contrastar. Las redes se han convertido así en el caño de información no potable que alimenta muchas páginas y espacios de los medios creando un nuevo mal periodismo.

El ya viejo nuevo periodismo que surgió en los 60 del pasado siglo supuso una renovación en las formas de narración de reportajes, crónicas y entrevistas, combinando lo mejor de la literatura con lo mejor del periodismo. Pero este nuevo pseudoperiodismo surgido bajo las alas de Twitter, entre otras plataformas, bajo el imperativo de la inmediatez y la brevedad, y en ocasiones, emboscado en un cobarde anonimato, ha abandonado las señas del viejo oficio, el placer de lo bien escrito, y la rigurosidad de lo contrastado, y solo ofrece, en muchos casos, datos falsos precocinados y opiniones sin fundamento adquiridos en ese gran almacén de las verdades alternativas en que se han convertido las redes sociales.

En Irazusta Comunicación, sentimos la obligación moral de defender nuestra profesión. Nuestros clientes -y por eso lo son- y los periodistas con los que nos relacionamos comparten que nuestra maravillosa profesión ha de basarse en unos pilares de credibilidad y veracidad que desde hace un tiempo se están perdiendo a favor del clickbait y la inmediatez.

Es hora de defender un nuevo viejo periodismo que recupere el antiguo y digno oficio de contar el mundo, extensa o brevemente, desde lo vivido o lo escuchado, pero siempre, siempre, antes contrastado.