POR POLITICAL INTELLIGENCE / 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Las Relaciones Institucionales han dejado de limitarse al protocolo, la representación y la gestión de contactos para convertirse en una función estratégica dentro de las organizaciones. Fernando Riaño, director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad del Grupo Social ONCE, analiza cómo la anticipación regulatoria, la reputación y la construcción de alianzas condicionan hoy el ejercicio de la profesión.
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Para comenzar, nos encantaría hacer un breve repaso de su trayectoria profesional, desde sus comienzos a la actualidad. ¿Cómo recayó en las Relaciones Institucionales?
No diría que “recaí” en las Relaciones Institucionales de una manera planificada. Mi trayectoria ha sido bastante transversal. Soy licenciado en Derecho y empecé trabajando en ámbitos como la asesoría jurídica, la consultoría y el sector financiero. Posteriormente fui acercándome a responsabilidades que tenían que ver con estrategia y sostenibilidad y a esa intersección entre empresa, sociedad e instituciones que siempre me ha interesado.
En 2011 me incorporé al Grupo Social ONCE y, desde entonces, he asumido distintas responsabilidades. Ahora también incorporando la parte Institucional y de Sostenibilidad, que creo que tiene muchísimo sentido que se entiendan como dos realidades de un mismo todo.
Con el tiempo he comprobado que esa mezcla de mundos es precisamente muy útil en nuestra profesión. Hoy, todo lo relacionado con los Asuntos Públicos y Relaciones Institucionales requiere entender las organizaciones de forma holística y global; regulación, comunicación, incidencia, anticipación, reputación, sociedad…
Tengo la suerte, además, de estar en una organización que opera en diferentes niveles y ver las cosas desde diferentes perspectivas. En mi caso, poder formar parte de organizaciones internacionales en representación del Grupo Social ONCE, creo que termina de cerrar este círculo.
En el Grupo Social ONCE, ¿qué peso tienen actualmente las Relaciones Institucionales en la estrategia global del grupo? ¿Cómo está organizado el área de Relaciones Institucionales dentro de la organización?
Tienen un peso claramente estratégico. En una organización como el Grupo Social ONCE, las Relaciones Institucionales no pueden ser únicamente una función de representación. Están conectadas directamente con nuestra capacidad para cumplir nuestra misión, anticipar cambios, generar alianzas y trasladar la realidad de las personas con discapacidad a quienes participan en la toma de decisiones y a la sociedad en general.
La Dirección trabaja de forma transversal para el conjunto del Grupo Social ONCE -ONCE, Fundación ONCE e ILUNION- y en coordinación con las distintas áreas de la organización en función de cada asunto.
Estoy seguro de que nuestro día a día se parece mucho al de cualquier departamento de Asuntos Públicos de una gran compañía (monitorización, seguimiento, análisis de riesgos, elaboración de informes…), pero con el añadido de que en el Grupo Social ONCE la reputación nos la jugamos cada día en las calles, con todos nuestros vendedores y vendedoras, que son nuestros mejores representantes institucionales.
Por eso creo que hay una idea importante: las Relaciones Institucionales no consisten simplemente en tener acceso a determinados interlocutores. Se trata de construir relaciones de confianza y de largo plazo. Limitarlo solo al político, para mí, es reducir en exceso las posibilidades. Siempre lo digo, lo decimos: cada persona que forma parte de esta organización ejerce de una manera u otra las Relaciones Institucionales.
Para usted, ¿cuál es la diferencia entre una actuación de Relaciones Institucionales y Comunicación que es “humo”, apariencias, y aquella que sí tiene impacto, estrategia y efectos?
La pregunta fundamental es: ¿para qué estamos haciendo esto?
Una foto puede ser útil, un evento puede ser útil y una campaña de Advocacy puede ser útil, pero solo si responden a un objetivo.
Para mí hay impacto cuando detrás existe una estrategia: qué queremos conseguir, con quién tenemos que hablar, qué argumentos necesitamos, qué alianzas debemos construir y cómo vamos a evaluar el resultado.
A veces el resultado será una mejora normativa; otras, introducir una cuestión en la agenda pública, evitar un riesgo, generar una alianza o conseguir que un determinado interlocutor comprenda mejor nuestra posición.
El “humo” aparece cuando confundimos actividad con resultado. Tener muchas reuniones no significa necesariamente tener buenas Relaciones Institucionales. Y salir muchas veces en una fotografía tampoco equivale automáticamente a tener reputación.
Dado que ONCE es un grupo social cuya misión gira en torno a la plena inclusión social de las personas con discapacidad, así como en el principio de igualdad de oportunidades y no discriminación, ¿cómo se integra actualmente este objetivo el área de Relaciones Institucionales? ¿Qué perfiles profesionales la componen (comunicación, derecho, ciencia política, relaciones institucionales, etc.)? ¿Cómo ha evolucionado el equipo?
La discapacidad no es un asunto más dentro de nuestra agenda: es nuestra misión, nuestra razón de ser y, por tanto, transversal a todo lo que hacemos.
Siempre que nos llega algo, lo que sea, empezamos con una pregunta: ¿dónde están las personas con discapacidad en esta conversación? Y, a partir de ahí, trabajamos.
Sobre la parte de los equipos, no tendría sentido ser una organización que pone en el centro la diversidad y no predicar con el ejemplo. En nuestro caso como Dirección tenemos juristas, politólogos, administrativos, perfiles de relaciones internacionales, intérpretes… esta mezcla me parece un caballo ganador, sin duda.
No solo es necesario una persona capaz de entender una norma. El éxito está en ser capaz de analizar sus consecuencias económicas, sociales, reputacionales… y luego, rodearte de los y las mejores, para que las ideas puedan llevarse a cabo.
En el ejercicio de su puesto como Director de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad, ¿observa esa tendencia anglosajona y europea de incorporar los policy comms a las estrategias de incidencia, con equipos sensibles a la realidad mediática, política y legislativa?
Sí, creo que es una tendencia muy interesante y que está ganando peso. Cada vez vemos con más claridad que una iniciativa regulatoria o de asuntos públicos no existe de manera aislada: se desarrolla dentro de un contexto determinado.
Entiendo que ambas áreas se necesitan mutuamente. De hecho, creo que el papel de policy comms es especialmente relevante para ayudarnos a entender cuando una cuestión regulatoria necesita ser explicada, contextualizada o trasladada a públicos diferentes. Muchas de las mejores victorias en asuntos públicos son necesariamente discretas y no necesitan comunicación externa. Pero hay otras ocasiones en las que comunicar adecuadamente una determinada una propuesta contribuye a generar conocimiento, legitimidad y comprensión.
Creo que el reto está precisamente en saber distinguir unas de otras y en utilizar cada herramienta en el momento adecuado.
Las fundaciones y grupos sociales están especialmente expuesto a cambios regulatorios. ¿Cuáles son hoy los principales retos que afronta en la gestión de las Relaciones Institucionales en este contexto?
Hay una idea que me gustaría dejar clara: las organizaciones sociales o fundaciones no somos inmunes a lo que está pasando a nivel global. Este contexto de aceleración regulatoria o complejidad político-social nos atraviesa como al resto. Y eso exige que también estemos organizados y seamos ágiles para actuar.
Con esto quiero decir que los retos son comunes a casi todas las organizaciones y no estar atentos, como al resto, puede provocar que dejemos de poder operar. Así que diría que lo importante es entender que las tendencias regulatorias empiezan mucho antes de que sean un texto que va a someterse a consulta pública.
Por otro lado, no quiero dejar de recordar esta idea: hoy cumplir la ley es imprescindible, pero no siempre suficiente. Las organizaciones también tenemos que entender qué espera la sociedad, nuestros grupos de interés…
Ese equilibrio entre regulación, reputación, propósito e impacto probablemente sea el gran reto de la temporada.
¿Qué papel juega la anticipación regulatoria y el análisis del entorno político-económico en su trabajo diario? ¿Cómo se estructura internamente esta función dentro de ONCE?
Es una parte esencial. En asuntos públicos hay una máxima bastante cierta: cuando una norma aparece publicada en el BOE, probablemente una parte muy importante del trabajo ya debería haberse hecho.
Pero anticiparse no significa únicamente leer proyectos normativos. También exige, como decía antes, comprender tendencias. Hay que saber qué propuesta está preparando la Comisión Europea o cuál puede ser la próxima ley que llegue a las Cortes, pero también detectar conversaciones que aparentemente están lejos de nuestro sector y que pueden anticipar cambios de cualquier tipo. De hecho, a menudo, las transformaciones culturales preceden a las regulatorias.
En su opinión, ¿cómo ha evolucionado el papel de las Relaciones Institucionales dentro de organizaciones como ONCE en los últimos años?
Ha evolucionado muchísimo.
Durante años, las Relaciones Institucionales se asociaron fundamentalmente con protocolo, representación o agenda institucional. Hoy hablamos de una función más estratégica y mucho más próxima a lo que internacionalmente se denomina Corporate Affairs: regulación, reputación, stakeholders, sostenibilidad, alianzas…
También creo que hemos entendido que las Relaciones Institucionales no son un juego de suma cero. No se trata de que para que mi organización gane otra tenga necesariamente que perder.
Si me preguntas, yo prefiero hablar de construir relaciones que de gestionar contactos. Un contacto puede servir para conseguir una reunión, una relación sólida puede durar veinte años. Y eso cambia completamente la forma de entender nuestra profesión.
De cara al futuro, ¿qué competencias considera clave para un director de Relaciones Institucionales, en un ámbito tan complejo como son los grupos sociales?
Más que una competencia me gustaría darte una cualidad: la curiosidad.
Está muy bien conocerse al dedillo el Reglamento del Congreso, y naturalmente hay que conocerlo. Pero un buen profesional de asuntos públicos tiene que querer entender permanentemente qué está ocurriendo a su alrededor.
Tiene que saber cuál es la próxima ley que llegará a las Cortes, pero también haber leído, por ejemplo, la última entrevista de Marta Ortega para VOGUE; o saber por qué se está hablando de la “caída de los influencers” y qué nos indica eso sobre credibilidad, reputación y confianza.
Son conversaciones aparentemente muy distintas, pero todas nos hablan de cómo está cambiando la sociedad.
Un profesional de Relaciones Institucionales no puede vivir únicamente en el BOE. La conversación, la anticipación y -sobre todo- la acción y la experiencia, de hecho, está en las calles.
Y, por último, si tuviera que dar un consejo a alguien que quisiera dedicarse a este sector, ¿cuál sería?
Que lea mucho, que escuche todavía más y que no tenga demasiada prisa.
Esta profesión tiene algo paradójico: vivimos pendientes de la actualidad inmediata, pero nuestro trabajo se construye fundamentalmente a largo plazo.
La confianza tarda años en generarse y puede perderse en minutos.
También le diría que no se obsesione con conocer gente, sino con tener algo que aportar cuando conozca a esa gente. Las agendas pueden abrir puertas; el criterio, la credibilidad y la capacidad de generar confianza son lo que hace que esas puertas vuelvan a abrirse. Y, repito, que mantenga siempre la curiosidad. En Relaciones Institucionales nunca deberíamos dejar de aprender.
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