martes, julio 21, 2026

No es oficina. No es casa. Es marca: cuando el branding comienza en el espacio físico

21 DE JULIO DE 2026

La mayoría de las empresas invierten grandes esfuerzos en construir marcas con propósito. Definen valores, trabajan el employer branding y diseñan experiencias para clientes y empleados. Sin embargo, existe un elemento que muchas siguen pasando por alto: el espacio físico.

La oficina habla de la identidad de una marca incluso antes de que nadie pronuncie una palabra. Refleja la cultura de la organización, su forma de entender las relaciones profesionales y la importancia que concede al bienestar, la colaboración o la creatividad. En un momento en el que las empresas compiten por atraer talento y diferenciarse, el espacio de trabajo ha dejado de ser un mero coste para convertirse en una herramienta estratégica de comunicación.

Ya no basta con disponer de mesas, despachos y salas de reuniones. Los profesionales buscan entornos coherentes con los valores de la empresa, capaces de aportar una experiencia que vaya más allá de ofrecer un lugar desde el que trabajar. La consolidación del trabajo híbrido no ha hecho más que reforzar esta tendencia: si la oficina ya no es una obligación, necesita convertirse en un destino al que merezca la pena acudir.

El caso de Optimismus: cuando el propósito se puede recorrer

En Madrid existe un proyecto que lleva esta idea un paso más allá. Optimismus no nació con la intención de convertirse en otro coworking dentro de un mercado cada vez más competitivo. Su planteamiento fue diferente desde el principio: construir un espacio capaz de materializar una filosofía empresarial.

Su lema, «De tu pasión a tu legado», no aparece únicamente en su comunicación corporativa. Está integrado en el propio edificio. Cada planta representa una etapa del crecimiento de cualquier empresa (Pasión, Valores, Familia y Legado), convirtiendo un concepto intangible en una experiencia que los usuarios viven cada día. Esta propuesta resulta interesante porque traslada al espacio físico una idea que normalmente permanece en el plano del discurso. En lugar de explicar qué representa la marca, permite recorrerla.

El branding también ocurre entre un café y una conversación relajada en la terraza

En muchas organizaciones, las conversaciones sobre branding siguen centradas en la identidad visual, el tono de comunicación o la propuesta de valor. Sin embargo, las experiencias cotidianas son las que realmente influyen de forma decisiva en la percepción de una marca.

«Durante mucho tiempo hemos separado dos conversaciones que, en realidad, hablan de lo mismo. Por un lado, estaba el branding y, por otro, el diseño de oficinas. Sin embargo, ambos construyen percepción. Puedes afirmar que tu empresa cree en la colaboración, pero si el espacio no favorece que las personas se encuentren, ese mensaje pierde credibilidad. Los valores necesitan hacerse visibles y, en nuestro caso, decidimos que el edificio y cómo vivimos profesionalmente en su interior, fuera la mejor manera de demostrar que el propósito no era un eslogan, sino una forma de trabajar», explica Nieves Ramos Sánchez-Mateos, directora de Optimismus y experta en Recursos Humanos.

No se trata únicamente de diseño. También de comportamiento. La forma en la que las personas utilizan un espacio condiciona cómo se relacionan, cómo colaboran e incluso cómo recuerdan una marca.

Del coworking al ecosistema empresarial

Quizá por eso también ha cambiado el perfil de quienes buscan este tipo de espacios. Hace una década el coworking se asociaba casi exclusivamente a emprendedores y profesionales independientes. Hoy esa fotografía ha cambiado, porque cada vez es más habitual encontrar pequeñas empresas, consultoras, despachos profesionales, agencias o equipos híbridos que necesitan una oficina flexible, pero también un entorno capaz de proyectar profesionalidad y favorecer nuevas oportunidades de colaboración.

En Optimismus conviven actualmente más de cuarenta proyectos empresariales de sectores tan diversos como la consultoría, el marketing, la comunicación, la tecnología o el ámbito jurídico. Esa diversidad forma parte de la propuesta de valor del espacio, que entiende la comunidad como un motor de crecimiento.

«Muchas colaboraciones no nacen en una reunión programada. Surgen compartiendo un café, coincidiendo en una sala o comentando un proyecto en un momento informal. Es imposible planificar ese tipo de conexiones, pero sí crear un entorno donde sea mucho más probable que ocurran», señala Ramos Sánchez-Mateos.

En ese sentido, el coworking deja de ser simplemente un lugar donde instalar una empresa para convertirse en un ecosistema donde las relaciones también forman parte del valor que recibe cada miembro. Así, las empresas que entiendan esta evolución probablemente dejarán de considerar sus oficinas como un gasto inmobiliario para empezar a gestionarlas como una herramienta de posicionamiento, fidelización y desarrollo de negocio.

Optimismus representa una de las expresiones más claras de esta tendencia. No porque haya reinventado el concepto de coworking, sino porque ha planteado una pregunta que cada vez más compañías empiezan a hacerse: si una marca aspira a ser recordada por sus valores, ¿por qué esos valores no deberían sentirse también en el lugar donde se desarrolla?