domingo, junio 16, 2024

Los futuros comunicadores saben editar vídeos, vale, pero su nivel cultural es muy limitado

REDACCIÓN Jueves 17 de enero de 2019

Miguel Angel Robles, socio y director general de Euromedia Comunicación, ha publicado un interesante post del que ofrecemos aquí un extracto.

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Miguel Angel Robles llama la atención, a lo largo del post, sobre una preocupante realidad: la gran cantidad de aspirantes a periodistas y comunidadores, que cursan estudios en los Grados de Comunicación, que tienen muy escasos conocimientos sobre los grandes temas de actualidad. ¿La causa? Que apenas leen prensa (en papel o digital).

 

«Si todos los de mi generación –afirma– nos sabíamos de carrerilla los nombres de los reporteros y columnistas más célebres de los distintos periódicos (eran nuestros ídolos) e incluso porfiábamos sobre quiénes eran los mejores,  los actuales estudiantes de Comunicación difícilmente aciertan a dar el nombre de un periodista, salvo que salga en televisión, ni por supuesto leen la prensa ni a diario ni regularmente. Y eso es un dislate absoluto».

 

Según Robles, «ningún alumno de Comunicación debería llegar al ecuador de su grado sin demostrar que conoce la actualidad informativa y sin leer a diario la prensa (en formato papel o digital). Me consta que muchos los profesores lo intentan pero a la hora de la verdad se sienten impotentes de lograrlo y de arbitrar las medidas (coercitivas, si fuera preciso) para hacer que los alumnos sigan los medios. Quizás en el pasado, todo ello no fuera necesario, porque el interés por los medios se le suponía al estudiante de Periodismo como el valor al soldado, pero en el momento actual fingir que los alumnos de Comunicación se interesan por la actualidad informativa es autoengañarse… y engañarlos a ellos».

 

¿La causa de este desinterés? «Mi impresión es que muchos estudiantes actuales eligen los grados de comunicación un poco confundidos por la creciente ambigüedad de este concepto, cada vez más desconectado del periodismo y más ligado al marketing digital, creyendo que podrán ejercer sin necesidad de interesarse por la actualidad de la esfera pública. Pero eso es sencillamente una falacia porque la comunicación, ejercida desde los medios o desde las empresas e instituciones, es una profesión ligada a las noticias, y cualquier intento de ejercerla desconociendo la actualidad informativa y los fundamentos del periodismo está directamente abocado al fracaso (…)».

 

Y continúa: «Les hacemos un flaco favor si les hacemos creer que las técnicas comunicativas son más importantes que los contenidos. Lo diré de una forma que no quepa lugar a dudas: un profesional dedicado a la comunicación tiene que superar unos mínimos teóricos de ciencia política, derecho constitucional, estructura económica, derecho internacional, historia del pensamiento e historia contemporánea. Aquellos contenidos, que sí estaban en los planes académicos originales de las carreras de comunicación, desaparecieron y el resultado es que muchos alumnos llegan a los últimos cursos sin saber qué diferencia un sistema presidencialista de un sistema parlamentario, qué son elecciones primarias, qué diferencia la democracia directa de la representativa, quién es Adam Smith o Tocqueville, qué pasó en Inglaterra con la Revolución Gloriosa, a qué se dedica la ONU o cuáles son las atribuciones de la Comisión Europea».

 

«De nada sirven a las empresas de comunicación –no digamos a los medios- alumnos que sepan editar vídeos, manejar herramientas de actualización de redes, utilizar programas de diseño o conocer los fundamentos del posicionamiento seo, si su bagaje cultural es tan precario que difícil aciertan a entender los artículos que se publican en los medios, si asisten a una conferencia y no se enteran de lo que el erudito les está contando, si son incapaces de desarrollar una opinión o un razonamiento que vaya más allá de los lugares comunes y de las precarias ideas extendidas por el pensamiento hegemónico de las redes sociales. Naturalmente que todas esas habilidades técnicas que he mencionado están muy bien, y tenerlas es mucho mejor que no tenerlas, pero lo que esencialmente tiene que ser un comunicador es una profesional con unos referentes culturales básicos y sobre todo con la inteligencia entrenada para poder informar de cualquier tema, por complejo que sea, y para ponerse a la altura de los expertos en los temas en los que no es experto».

 

«A los becarios que entran en nuestra empresa les sorprende que nuestro principal trabajo sea precisamente el de crear el discurso de médicos, abogados, ingenieros, farmacéuticos o expertos en TICs y hacerlo con tal grado de precisión que parezca que nosotros también lo somos. Pero básicamente eso es exactamente lo que una empresa demanda de un comunicador, que sea capaz de comunicar con la creatividad y la capacidad de divulgación de un comunicador al tiempo que con el rigor y la exactitud de un especialista, y eso requiere de un tipo de inteligencia mucho más entrenada en el contenido que en la técnica».


Y concluye: «Básicamente nuestro trabajo va de contar cosas y, si cuando lo intentamos decimos disparates, entonces no servimos. Si no entendemos cosas complejas, no servimos. Si leemos y no nos enteramos de lo que leemos, no servimos (…)».

 

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