jueves, septiembre 24, 2026

Comunicar en el mismo idioma

POR EVA FRESNILLO, DIRECTORA DE ESTUDIO DE COMUNICACIÓN/24 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Hay películas infantiles que entretienen a los niños y películas que, además, consiguen que los adultos salgamos del cine conversando sobre la trama que acabamos de ver. La última entrega de Toy Story, a la que fui sin ningún tipo de expectativa, pertenece, para mí gusto, a esa segunda categoría.

No quiero hacer spoilers entre otras cosas porque una parte de su mérito está precisamente en descubrir cómo una historia protagonizada por personajes que forman parte del imaginario de varias generaciones consigue abordar, con aparente sencillez, uno de los asuntos que más preocupan hoy a padres y educadores: la relación de los niños con las pantallas.

Una preocupación que no es nueva y que periódicamente vuelve a ocupar titulares. El último, el del informe PISA, por ejemplo, ha llamado la atención sobre la relación entre el uso y la distracción provocada por los dispositivos digitales en el entorno educativo y el rendimiento de los alumnos. Más allá de los datos, la pregunta sigue siendo la misma: sabemos que existe un problema, pero ¿cómo conseguimos hablar de él con el público más joven? Porque una cosa es hablar sobre ellos y otra muy distinta, hablar con ellos.

Y es ahí donde una producción como Toy Story 5 demuestra algo que quienes nos dedicamos a la comunicación deberíamos tener muy presente: para conseguir que alguien reflexione sobre un problema no siempre es necesario explicárselo. A veces es mucho más eficaz conseguir que lo vea.

Sin necesidad de convertir a la tecnología en el villano ni de presentar el mundo analógico como un paraíso perdido, la película expone ante los pequeños espectadores una realidad que reconocerán inmediatamente los adultos, porque la sufrimos cada día, y los niños, porque forma parte de su vida.

Los niños pueden comprender conceptos complejos cuando se los contamos utilizando códigos que les resultan cercanos. Pueden entender qué significa perderse determinadas cosas por estar pendientes de una pantalla sin necesidad de escuchar una conferencia sobre el uso responsable de la tecnología. Pueden descubrir el valor del juego, de la imaginación o de relacionarse con los demás simplemente viendo lo que les sucede a unos personajes que conocen y quieren utilizando recursos creativos de comunicación como la identificación.

Por eso, cuando salí del cine, pensaba que necesitábamos más productos culturales capaces de hacer algo parecido. Los niños están creciendo en un mundo en el que tendrán que enfrentarse muy pronto a cuestiones que nosotros conocimos siendo ya adultos: la exposición permanente en redes sociales, la búsqueda de aprobación, la desinformación, la inteligencia artificial o el consumo compulsivo de contenidos.

El cine, las series, los libros, los videojuegos, la publicidad y los contenidos digitales tienen una capacidad extraordinaria para introducir estas conversaciones. No desde una perspectiva paternalista ni convirtiendo cada producto destinado a la infancia en una herramienta pedagógica. Los niños también tienen derecho a que las historias simplemente les diviertan porque, además, entretenimiento y reflexión no son conceptos incompatibles. Cuando están bien combinados, probablemente es lo mejor que funciona.

Tampoco se trata de demonizar las pantallas. La tecnología forma parte de la vida de nuestros hijos y seguirá haciéndolo. Les permitirá aprender, crear, relacionarse y hacer cosas que hoy ni siquiera podemos imaginar. La cuestión no es enseñarles a vivir sin ella. Es enseñarles a no dejar de vivir por ella.

Y para conseguirlo quizá necesitemos menos discursos sobre los peligros de las pantallas y más historias capaces de mostrar, con inteligencia, humor y emoción, todo aquello que podemos perdernos cuando dejamos de mirar lo que tenemos delante.

Si una película infantil consigue que los niños se diviertan mientras una pequeña idea empieza a instalarse en su cabeza y, al mismo tiempo, provoca que sus padres salgan del cine hablando con ellos sobre esa idea, habrá conseguido algo mucho más difícil que entretener durante un par de horas. Habrá iniciado una conversación muy difícil de conseguir hoy en día.