Las estrategias de desinformación y manipulación durante las elecciones son un fenómeno global. Así se desprende de un estudio llevado a cabo por los investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra Ramón Salaverría, Jordi Rodríguez-Virgili y Aurken Sierra. El trabajo, publicado en uno de los capítulos del libro Disinformation. A Multi-Disciplinary Analysis, examina este fenómeno en diferentes países y analiza los objetivos más recurrentes de la desinformación electoral, los procedimientos más extendidos a escala global y sus graves consecuencias políticas a corto y largo plazo.
Por Redacción, 4 de febrero de 2026
«Durante las elecciones, a veces aparecen actores malintencionados que buscan influir en los votantes con técnicas de manipulación y mediante la difusión planificada de falsedades. Para contrarrestar esa amenaza, necesitamos conocer cuáles son las tácticas más comunes y cómo funcionan», explica Ramón Salaverría, autor del estudio. Los investigadores han analizado episodios recientes de desinformación electoral en países como Eslovaquia, España, Estados Unidos, Brasil, México, Colombia y Taiwán, entre otros, que ilustran cómo ciertas tácticas de manipulación se repiten en todo el mundo cuando comienza una campaña electoral.
Los objetivos de esta estrategia, según la investigación, son desmovilizar el electorado, o en ocasiones buscar la hipermovilización de ciertos sectores; fomentar la división y polarización, exacerbando diferencias ideológicas y sociales; así como erosionar la confianza en las instituciones democráticas y desacreditar a partidos o candidatos específicos.
Los investigadores destacan que entre los métodos más recurrentes destaca la falsificación de información mediante la creación y difusión de contenidos falsos como declaraciones, imágenes, vídeos y audios manipulados. En este sentido, documentan el uso creciente de deepfakes generados con inteligencia artificial, como en las elecciones de Taiwán de 2024, donde circuló un vídeo manipulado que mostraba al candidato William Lai supuestamente con varias amantes, o en Estados Unidos, donde una llamada robótica con una voz sintetizada que imitaba a Joe Biden desalentó la participación en las primarias.
Narrativas y consecuencias para la democracia
Respecto a las narrativas empleadas, las más frecuentes son las acusaciones de fraude electoral (denuncias sobre manipulación de software, papeletas falsificadas, o voto de personas fallecidas), como en los casos de Donald Trump en 2020 y Jair Bolsonaro en 2022. La segunda gran narrativa implica falsificaciones o ataques a candidatos y partidos: desde declaraciones manipuladas hasta situaciones inventadas, como el caso «Pizzagate» en las elecciones estadounidenses de 2016, donde se acusó falsamente a Hillary Clinton de estar vinculada a una red de tráfico infantil. El tercer tipo son las encuestas preelectorales falsas, utilizadas para crear percepciones favorables a determinados candidatos, y la cuarta, la manipulación de la agenda temática, especialmente en temas sensibles como inmigración, inseguridad o impuestos. «Los eventos de enero de 2021 en el Capitolio estadounidense y los de 2022 en Brasil demostraron cómo la desinformación puede polarizar la sociedad, erosionar la confianza en las instituciones democráticas y desestabilizar el sistema político en su conjunto», señala Jordi Rodríguez Virgili, autor del capítulo.
El estudio subraya que las consecuencias de la desinformación electoral van desde la confianza ciudadana en las elecciones, los efectos a nivel sistémico y las respuestas de los Estados ante su propagación. «El problema de la desinformación en época electoral es muy grave y tiene una dimensión global. Desde los primeros días de la democracia, los trucos utilizados por los mentirosos para engañar a los votantes eran similares; ahora sabemos que estas tácticas se repiten en todos los rincones del planeta», concluye Aurken Sierra.







