jueves, julio 2, 2026

Del marketing para mujeres, al marketing con mujeres

POR IRENE PAREJA, CEO Y CO-FUNDER DE BLOOM/ 2 DE JULIO DE 2026

El silencio en la salud femenina no es un problema aislado: lo arrastra todo, incluida la forma en que las marcas hablan a las mujeres. Y casi siempre hablan en una sola dirección

Hay preguntas que una mujer no le hace a su médica, ni a su madre, ni a su pareja. Se las hace, de madrugada, a un buscador. Y muchas veces, antes de eso, no se las hace a nadie.

En Bloom llevamos más de seis años leyendo esas preguntas. Las que no aparecen en ninguna encuesta porque dan vergüenza, o porque ni siquiera sabíamos que se podían formular: por qué me duele esto y nadie me avisó, si lo que me pasa es normal, si a las demás también les pasa. Son millones de conversaciones reales entre mujeres que comparten, sin filtro, lo que durante generaciones se ha callado.

Y desde dentro de esa conversación se ve una cosa con mucha claridad: el silencio en la salud femenina no es un asunto menor ni aislado. Es cultural. Y lo arrastra todo, incluida la manera en que las marcas se dirigen a nosotras.

Porque la mayoría todavía le habla a la mujer. Le habla desde arriba, en una sola dirección: lanza un mensaje, mide cuántas lo vieron y cuántas le dieron al “me gusta”, y concluye que ha conectado. Pero ver no es reconocerse, y un gesto de aprobación no es una decisión. La conexión de verdad ocurre en la conversación que viene después, cuando una mujer le pregunta a otra si aquello funciona, si pica, si merece la pena. Ahí, en el mensaje privado y en el hilo de dudas, es donde realmente se decide. Y a esa conversación casi ninguna marca está invitada, porque nunca se ha molestado en escuchar.

Hay, además, una idea heredada que lo contamina todo: la de que aquello que le ocurre a una mujer es siempre algo que corregir. La arruga que hay que borrar, los kilos que hay que perder, el deseo que hay que reavivar, el cuerpo que hay que “recuperar” después de parir. Se nombran cada vez más, sí, pero muchas veces para presentarlos como una avería que el mercado viene a reparar. Y no lo son: no son anomalías, son etapas de una vida. Lo que piden no es una solución milagrosa envuelta en un discurso de empoderamiento. Piden información honesta, utilidad y compañía. Comprender antes de avanzar. Acompañar antes de vender.

Los datos lo confirman. Según el estudio Meaningful Women 2026, de UnaDeDos junto a IMOP Insights y Havas, casi la mitad de las mujeres echa de menos verse imperfectas en los anuncios, y una de cada tres pide referentes que muestren el paso del tiempo con naturalidad. Dicho de otro modo: ya se ven representadas, pero no se reconocen. Les enseñamos cómo deberían ser. Lo que piden es que las entendamos como son.

No es un problema de falta de datos; de datos vamos sobrados. Es un problema de quién los lee y desde dónde. Cuando se diseñan campañas sobre experiencias tan delicadas como la salud mental materna o la menopausia desde estructuras donde apenas hay mujeres decidiendo, el matiz se pierde y la experiencia se simplifica. El dato dice qué pasa. Solo la conversación explica por qué. Y el porqué es lo único con lo que se puede trabajar de verdad.

La publicidad que viene no le hablará a las mujeres. Hablará con ellas. Y, sobre todo, dejará que ellas hablen entre sí, y se molestará en escuchar lo que dicen. Las marcas que lideren no serán las que más griten, sino las que mejor escuchen: las que entiendan la conversación que precede a la compra, las que generen confianza diciendo también lo que no funciona, las que aporten algo útil a la vida real de una mujer.

Porque existimos para romper el silencio. Y el silencio no se rompe hablando más alto: se rompe escuchando.