ARTÍCULO DE ANA MARÍA PEÑA (GRAYLING) / ¿Cuántas veces has entrado en la sección de comentarios de una publicación en redes sociales y has leído a decenas de usuarios preguntando una y otra vez por el nombre de la película, del restaurante o del destino de viaje…aunque esa información aparezca en el propio post o se mencione en ese video tan trabajado?
Por Ana María Peña, consultora senior de Grayling / 28 de enero de 2026
Pasa a diario, y para muchos empieza a resultar agotador. Hace no mucho escuchaba a una famosa creadora de contenido, especializada en divulgar obras literarias, expresar su hartazgo por recibir en cada una de sus publicaciones cientos de comentarios (la mayoría negativos o acusatorios) de personas que no entienden sus videos por el simple hecho de no verlos hasta el final. Es decir, por no prestar atención al contenido que tienen delante.
En sus videos narra la premisa del libro en primera persona, como si fuese una experiencia propia, y termina compartiendo el título y otra información relevante de la obra. Tiene un estilo original y un formato innovador, genera contenido fresco y de calidad, con un storytelling cautivador y una edición que capta la atención del usuario. Sin embargo, aun así, parte de la audiencia no tiene la paciencia para entender el contenido, aunque sí se molesta en contestar y expresar sus opiniones y juicios online.
En este caso, es muy probable que quienes se lanzan a opinar sin ver el contenido completo no sean su audiencia clave y que no tengan interés real en seguir contenido sobre literatura: simplemente han llegado ahí por capricho del algoritmo. Y en lugar de pasar de largo, dejan su huella en los comentarios.
También hay otros casos en los que la audiencia sí que está donde quiere, y aun así no presta atención a lo que aparece en su pantalla. Puede que piensen que es más rápido preguntar y que les den en bandeja lo que quieren saber. Puede que tanto estímulo les haya hecho perder el foco. Puede que sea un mecanismo de respuesta inconsciente ante la sobreinformación a la que estamos expuestos. Sea como sea, es un comportamiento frecuente.
Y, por último, podemos encontrarnos con la casuística de que la audiencia está donde quiere, está prestando atención, pero la información no está tan clara como cree quien la comunica. Si has tenido que buscar vivienda recientemente habrás visto miles de anuncios con todo tipo de trampa. Un vendedor me decía hace poco “es que la gente ya no lee. No entienden los anuncios, estoy harto de que me pregunten siempre por lo mismo, si ya se ve en las fotos…”. Y, la verdad, su anuncio no estaba claro. Y las fotos, desgraciadamente, engañan o cuentan una historia distinta. Así que ante esa desconfianza, el usuario prefiere volver a preguntar.
Entonces, en tiempos en los que la gente ya no quiere terminar de ver un reel, en los que no nos tomamos el tiempo para procesar la información que tenemos delante, en los que estamos sobresaturados y desconfiamos, pero sí que opinamos de todo en todas partes, ¿qué podemos hacer desde la comunicación estratégica?
No creo que haya una receta única. Pero pongo sobre la mesa algunos ingredientes para que encuentres la combinación más adecuada para ti y para tu estilo de comunicación y así refinar tu estrategia.
- Antes de nada, recuerda la importancia de los primeros segundos o las primeras líneas de tu texto. Es el momento y el lugar para marcar el tono de la publicación o poner el foco sobre aquello que quieres visibilizar. Una ayuda para aquellos que parecen estar un poco perdidos.
- Si ya estás haciendo todo lo imprescindible (conoces a tu audiencia, generas un contenido atractivo, cuentas historias humanizadas, tienes un estilo que llame la atención e invite a quedarse, fomentas la interacción y mides resultados…) y si tu comunicación se basa en la autenticidad, vas por el buen camino. Así se crea una imagen coherente, una conexión enriquecedora y, desde ahí, una conversación más profunda y trascendente.
- Pon a prueba tu contenido antes de lanzarlo: comprueba que sea claro y que se entienda, no des las cosas por hecho. Ayúdate de herramientas o personas que lo puedan ver con “ojos nuevos”. Revisa, revisa y revisa. Y si hace falta, edita.
- Crea una comunidad afín y segmenta. Además de dar espacios en los que tu audiencia pueda interactuar, para ir más allá, divide tu audiencia en grupos más pequeños según intereses, comportamientos o necesidades y crea contenido para cada segmento.
- Modera las conversaciones y crea vínculos. Responde a comentarios de forma personalizada, destaca aportes valiosos y agradece la participación, ya que así se construye una cultura de diálogo, incluso en plataformas que no lo favorecen.
- Y por último, recuerda: un contenido profundo y valioso no tiene por qué ser denso, extenso ni aburrido. Explora el micro contenido para encontrar el equilibrio entre el ritmo que marcan las redes y el impacto que quieres causar.
Como creadores y comunicadores podemos seguir avanzando para crear un entorno más sano, comunicar con propósito y no solo para sobrevivir al algoritmo. Pero también tenemos una responsabilidad como usuarios.
Está más que demostrado que la ultra rapidez de las redes no nos hace bien desde un punto de vista social y psicológico. Así que apoya tú también a esos creadores de contenido y marcas que promueven contenidos de calidad, más profundos y que aportan valor. Dedica menos tiempo a las redes, pero con más intención. Piensa antes de hablar, ¿de verdad necesitas opinar de todo?, y, recuerda…muchas veces la información que echas en falta está justo delante de ti.
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