POR REDACCIÓN, 2 DE OCTUBRE DE 2026
Anticiparse a los cambios regulatorios y construir relaciones continuadas con los grupos de interés son dos prioridades para Lidia Casado Pérez, directora de Inteligencia Relacional y Asuntos Públicos de Puentia. Periodista de formación y exdirectora de La Tribuna de Guadalajara, defiende una visión de la influencia que abarca todo el ecosistema de una organización. En esta entrevista explica cómo están cambiando las demandas de empresas y asociaciones, el valor de combinar análisis, comunicación y relaciones institucionales, y la importancia de la transparencia para consolidar la profesión.
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Lidia Casado estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Pontifica de Salamanca y ha ejercido como periodista desde entonces, con un paréntesis en el que se dedicó a coordinar el programa de animación a la lectura de la Biblioteca Almudena Grandes de Azuqueca. En ese tiempo, trabajó en Cope, Canal 4 (Salamanca, León y Zamora) y La Tribuna de Guadalajara, medio de la que fue directora. Comenzó a trabajar en Puentia desde que nació la consultora, en 2020, y, desde entonces, he ocupado diferentes puestos de dirección hasta liderar, actualmente, el área de Inteligencia Relacional y Asuntos Públicos.
Hace algo más de un año asumiste la dirección de Inteligencia Relacional y Asuntos Públicos de Puentia. ¿Con qué objetivos afrontas esta nueva etapa y qué planes tienes para hacer crecer el área?
Todo lo que tiene que ver con los llamados Asuntos Corporativos está cobrando cada vez más importancia en las organizaciones. Es una tendencia que implica entender los Asuntos Públicos como un eje transversal y estratégico. Mi objetivo es ayudarles a entender la importancia de la continuidad y, sobre todo, de la anticipación: no podemos dejar los asuntos públicos para el momento en que una legislación que nos afecta está a punto de aprobarse. También debemos ser capaces de establecer y mantener vínculos con todos nuestros grupos de interés, incluidas las administraciones y quienes participan en la toma de decisiones. Para hacer crecer el área dentro Puentia lo primero ha sido plantearnos qué queremos ser y qué servicios diferenciales queremos ofrecer bajo este paraguas y, en segundo lugar, conformar un equipo de profesionales con bagaje y talento, cuya experiencia nos ayude a conseguir los objetivos de nuestros clientes y futuros clientes.
Puentia incorpora el concepto de “inteligencia relacional” al propio nombre del área. ¿Qué entendéis exactamente por inteligencia relacional y cómo se traduce en el trabajo que realizáis para los clientes?
Para nosotros, la Inteligencia Relacional tiene que ver con el análisis de todas las relaciones que una organización debe mantener con un entorno con el fin de buscar las mejores estrategias para establecer puentes con los distintos actores. La Inteligencia Relacional va más allá de los Asuntos Públicos. Amplía la mirada de estos hacia todo el ecosistema de interlocución que condiciona la reputación, la licencia social para operar y la capacidad de incidir en el entorno. Tenemos que entender que vivimos en un mundo cada vez más interconectado y cada vez más regulado y, en este contexto, para nosotros es fundamental aplicar la inteligencia, entendida como información + análisis, a las relaciones que establecen las empresas y organizaciones.
Y esto también significa no ver a la Administración como algo abstracto. Detrás de las instituciones hay personas, y esas personas tienen preocupaciones, prioridades y problemas que están intentando resolver. A nosotros nos interesa entender también esa parte: qué necesita nuestro interlocutor, qué le preocupa, qué objetivos tiene. Porque una buena relación no puede construirse solo desde lo que tú quieres conseguir; también tienes que escuchar y entender qué necesita quien tienes enfrente. Ahí es donde puedes encontrar intereses compartidos y construir relaciones realmente útiles.
La Inteligencia Relacional es, pues, la capacidad de leer ese ecosistema, conectar actores, detectar oportunidades y construir vínculos útiles, transparentes y sostenibles. No se trata solo de informar o reaccionar, sino de anticipar, conectar y alinear intereses para mejorar decisiones, reputación y resultados.
¿Cómo definirías el posicionamiento de Puentia en el mercado de los Asuntos Públicos y qué crees que diferencia vuestra propuesta de la de otras consultoras?
Nuestra principal diferencia está, precisamente, ahí: en entender que las organizaciones no solo se relacionan con las administraciones, sino que hay todo un ecosistema que las rodea y condiciona. La Inteligencia Relacional añade valor a las corporaciones porque la trascendencia de estas no radica ya solo en “relacionarse”, sino saber con quién, para qué, cuándo y cómo hacerlo. Puentia cuenta con una práctica activa de Asuntos Públicos y experiencia en sectores regulados, asociaciones empresariales, proyectos industriales y energéticos, relaciones institucionales y acompañamiento de procesos normativos y creo que entre esos factores que nos diferencian de resto también está el ser capaces de combinar asesoramiento estratégico, análisis continuo, ejecución institucional y capacidades de comunicación.
Puentia combina en una misma firma Asuntos Públicos, comunicación corporativa, reputación, marketing y alianzas. ¿Hasta qué punto esa visión integral supone una ventaja a la hora de diseñar una estrategia de influencia para una organización?
La principal ventaja radica en la estrategia y en la coordinación. Poder activar áreas diferentes que, en realidad, están íntimamente relacionadas nos permite ofrecer soluciones más eficaces, mejor planificadas y con mayor capacidad para llegar a públicos distintos a través de los canales adecuados. Muchas veces pensamos en los asuntos públicos como en meras reuniones con administraciones, decisores o políticos; en una agenda que permite conectar empresas y poderes públicos. Pero nosotros concebimos la influencia de una forma mucho más amplia: como una herramienta capaz de aportar valor no solo a nuestros clientes, sino también a sus interlocutores y, en última instancia, a la sociedad. La confluencia de servicios nos permite construir una agenda priorizada, mantener una posición coherente y un plan de actuación que permite decidir dónde dedicar tiempo, recursos y capacidad de interlocución de la forma más efectiva posible.
Salud, bienestar y energía son algunos de los sectores en los que habéis desarrollado proyectos de Asuntos Públicos. ¿Qué particularidades presenta trabajar para compañías de sectores fuertemente regulados y qué demandan actualmente estos clientes?
Para nosotros, el principal reto con ellas es la necesidad de ir por delante. En sectores fuertemente regulados, y en un contexto de creciente actividad legislativa a escala local, autonómica, nacional y europea, es fundamental monitorizar tendencias y entrar en el debate antes de que las decisiones estén tomadas. Hay que estar atentos, analizar bien el contexto y actuar en el momento adecuado. Llegar tarde limita enormemente la capacidad de aportar, explicar y generar cambios.
¿Cuáles son los servicios de Asuntos Públicos que más os están solicitando actualmente las empresas y asociaciones empresariales? ¿Han cambiado sus necesidades en los últimos años?
Sí, sí han cambiado. Antes era bastante habitual que una organización acudiese a nosotros cuando una norma estaba prácticamente a punto de votarse en el Congreso. Ahora existe mucha más conciencia sobre la importancia de anticiparse y empezar a trabajar antes.
También ha cambiado la propia concepción de la influencia. Ya no se limita a la relación con las administraciones. La licencia social, la reputación o la construcción de una comunidad alrededor de una marca dependen de muchas otras relaciones y acciones.
Y eso se refleja en los servicios que nos demandan. Antes buscaban fundamentalmente una agenda de contactos; hoy nos piden informes de contexto, monitorización regulatoria y parlamentaria, análisis de actores o estrategias globales de posicionamiento institucional.
A eso se suman acciones que pueden parecer más cercanas a la comunicación, pero que para nosotros forman parte de la Inteligencia Relacional porque persiguen un mismo objetivo: construir un posicionamiento sólido y generar relaciones que ayuden a la organización a avanzar.
¿Cómo ha evolucionado, en tu opinión, la forma en que las empresas españolas entienden los Asuntos Públicos? ¿Se ha conseguido que esta función tenga un papel más estratégico dentro de las organizaciones?
Creo que sí, que cada vez más se le está dando el peso que tienen. Antes, en muchos casos, ni siquiera había un departamento de Asuntos Públicos o, si lo había, quedaba opacado en otras áreas como Legal, Recursos Humanos o, en el mejor de los casos, Comunicación. Ahora se entiende mucho mejor su valor estratégico. Cada vez encontramos más áreas propias de Asuntos Públicos, más organizaciones que cuentan con consultoras externas de apoyo continuado y, sobre todo, una mayor conexión de esta función con la Dirección. Ese cambio me parece especialmente significativo: los Asuntos Públicos dejan de ser una función reactiva para convertirse en una herramienta transversal que participa en la estrategia de la organización.
El sector está avanzando hacia una mayor regulación y transparencia de la actividad de influencia. ¿Cómo valoras este proceso y qué efectos crees que tendrá sobre la profesión y sobre la percepción que existe del lobby?
Es muy necesario regular el sector, garantizar la transparencia y, si me apuras, hasta definirlo. Porque hablar de lobby hoy por hoy aún se sigue viendo como algo oscuro, poco confiable y una actividad a través de la que alguien trata de sacar partido para sí mismo. Y no es así. Todos los que intervenimos en estos procesos, profesionales de la influencia, organizaciones, administraciones y decisores, debemos actuar con la máxima transparencia. Porque una buena interlocución sirve también para tender puentes entre quienes elaboran las normas y quienes conocen profundamente las materias reguladas o van a tener que aplicarlas. El papel lo aguanta todo; los problemas aparecen cuando una norma aterriza en la realidad. Una buena acción de influencia permite anticipar esas dificultades, aportar conocimiento y contribuir a reducir posibles efectos no deseados para las organizaciones y para los ciudadanos.
Mirando a los próximos años, ¿qué tendencias crees que van a transformar más los Asuntos Públicos y cómo os estáis preparando desde Puentia para responder a esos cambios?
La tendencia más clara es comprender que la influencia ya no sucede solo en una mesa, en un despacho, en una sala de reuniones o durante una comida. La influencia es cada vez más amplia y, me atrevería de decir, más profunda o más compleja, puesto que afecta a más grupos de interés. Las organizaciones empiezan a comprender que forman parte de una red mucho más extensa de relaciones, intereses, conversaciones y percepciones. Creo que ahí están los grandes cambios: una visión más estratégica, una interlocución más amplia y una acción sostenida en el tiempo.
En Puentia queremos responder a esa evolución, pero también intentar adelantarnos a ella. Nos gusta ser propositivos, escuchar, cuestionarnos lo que hacemos y crear conceptos, ideas y acciones nuevas que ayuden a nuestros clientes a resolver problemas y alcanzar sus objetivos.
¿Quieres comentar algún otro tema de interés?
Creo que estamos en un momento especialmente interesante para la profesión. Los Asuntos Públicos están ganando madurez, transparencia y peso estratégico, pero todavía tenemos el reto de explicar mejor su utilidad y su aportación a la sociedad. En Puentia queremos contribuir a esa evolución desde una mirada abierta, rigurosa y conectada con la realidad de cada organización.
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