domingo, enero 25, 2026

Un 60,9% de los jóvenes sigue a medios o periodistas en redes, pero sólo el 13% verifica lo que consume

Informarse ya no es “ir a buscar” una noticia: para buena parte de la juventud española, es encontrársela en el mismo lugar donde se entretiene, conversa o mantiene el contacto con su entorno. Con motivo del Día del Periodista, evercom, agencia creativa de comunicación y marketing, recupera los principales hallazgos del estudio ¿Cuánto cuesta una mentira?, elaborado junto a la Universidad Complutense de Madrid con el asesoramiento de FAD Juventud, para poner el foco en el impacto que la desinformación digital tiene en los hábitos informativos y bienestar de los jóvenes.

Por Redacción, 23 de enero de 2026

El informe, realizado a partir de una encuesta a 800 perfiles de entre 15 y 24 años residentes en España, dibuja una radiografía generacional que advierte de lo que ocurre cuando el ruido informativo se normaliza: la desinformación deja de ser una excepción y pasa a convertirse en paisaje. Con ello, se erosiona el bienestar emocional, el criterio y, en última instancia, la conexión con la conversación pública.

Un ecosistema informativo atravesado por algoritmos

Las redes sociales son hoy el principal canal informativo para el 70,3% de los jóvenes, por delante de la televisión (57,8%). Los formatos tradicionales pierden peso: sólo un 17,6% lee prensa y un 15,5% escucha radio o pódcast. Un porcentaje similar al que afirma usar Inteligencia Artificial para acceder a información: 16,4%.

Ese consumo ocurre, además, dentro de una jornada digital intensa: el 47,6% pasa entre tres y cuatro horas diarias en redes; el 30,6% entre una y dos; el 11,9% entre cinco y seis. Un 6,6% las utiliza más de seis horas al día.

En este contexto, el estudio apunta a un cambio estructural: la actualidad se filtra a través de sistemas que premian el impacto y la emoción por encima del rigor, donde la frontera entre conversación y noticia, entre opinión y hecho, se desdibuja. El resultado es una juventud hiperconectada, pero expuesta a una competencia desigual entre información contrastada y entretenimiento emocional.

Siguen a periodistas, pero consumen superficialmente

Hay un dato que, en medio del ruido, marca una oportunidad clara para el periodismo: un 60,9% de los jóvenes sigue a medios de comunicación o periodistas en redes sociales, lo que revela una búsqueda real de fuentes reconocibles.

Pero esa voluntad convive con hábitos informativos frágiles. El propio estudio describe una tensión generacional: quieren estar informados, pero carecen del hábito para profundizar. Contrastar no forma parte de su rutina diaria: sólo el 13% afirma verificar “siempre” lo que consume, frente a un 59% que lo hace “a veces” y un 25% “rara vez”.

Cuando deciden comprobar, lo hacen siguiendo un patrón muy revelador para el sector: los buscadores son el canal más utilizado (60,8%), pero los medios de comunicación aparecen en segundo lugar como vía de verificación (39%), por delante de amigos o familiares (36,1%), redes sociales (35,3%) y herramientas de IA (26,6%).

El coste de la duda: cuando informarse desgasta

La desinformación no sólo altera cómo la juventud española comprende e interactúa con lo que ocurre a su alrededor, también influye en cómo se siente. La investigación señala que la avalancha diaria de noticias, vídeos y opiniones genera una sensación constante de duda. De hecho, un 67% afirma que no puede confiar plenamente en la información que encuentra en redes, lo que alimenta un cansancio cognitivo sostenido.

Las consecuencias emocionales son concretas: más de la mitad, el 55%, se sienten confundidos o decepcionados al descubrir que creyeron algo falso, un 63% declara frustración al ver cómo otros siguen compartiendo bulos y un 54% reconoce impotencia ante la rapidez con la que circulan. El desgaste se traduce, además, en síntomas claros de saturación: un 42% termina mentalmente agotado tras navegar por redes sociales y un 35% siente ansiedad ante la posibilidad de estar conviviendo con información falsa sin ser capaz de identificarla. Casi la mitad, el 44%, evita directamente interactuar con ciertos temas porque le causan malestar.

Como mecanismo de protección, muchos jóvenes ensayan una forma de “autodefensa digital”: un 31% ha dejado temporalmente las redes por saturación y malestar, y un 40% adicional asegura habérselo planteado. El estudio advierte de un riesgo asociado: cuando la desconexión empieza como cuidado, puede acabar alejando también de los espacios donde se informa, se debate y se participa.

Tal y como explica Irene de la Casa, directora general de evercom“La desinformación no es sólo un problema de calidad informativa: es un problema de calidad de vida y de responsabilidad cívica. Cuando informarse se convierte en un ejercicio de sospecha constante, lo que se pierde es la capacidad para orientarse. Y ahí el periodismo aporta algo insustituible: método, contraste y contexto. No para competir por la atención con el ruido, sino para sostener un espacio donde poder encontrar certezas”.

El valor del periodismo: espacios donde volver a entender (y a confiar)

El estudio refleja una confianza todavía frágil, pero significativa, en el papel de los medios: el 43,2% confía en los medios tradicionales como canales informativos, mientras que la confianza en la información que circula en redes sociales baja hasta el 34,2%.

En paralelo, la juventud percibe que la desinformación no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural que contamina el conjunto del ecosistema mediático. En ese diagnóstico, las responsabilidades se reparten. Los jóvenes sitúan a las plataformas como primer actor al que exigir respuestas, pero señalan también a los medios de comunicación como pieza clave en la construcción de un entorno informativo más seguro y responsable.

Y, sobre todo, reclaman herramientas: el 63% quiere formación específica para identificar noticias falsas, el 80,4% considera esencial distinguir entre información verdadera y falsa en entornos digitales y el 83,5% cree que aprender a detectar bulos puede ayudar a proteger su bienestar emocional.

“Que la mayoría de los jóvenes en nuestro país se informen por redes no significa que rechacen el periodismo. Al contrario: siguen a periodistas y a medios porque están buscando referencias, nombres propios y criterios en un entorno que mezcla hechos, opiniones y entretenimiento en el mismo gesto”, señala la directora general de evercom. “La cuestión es qué entornos y herramientas ponemos a su alcance: si hay espacios de contexto y verificación, hay posibilidad de vínculo y de participación”.