Keli es un restaurante de barrio. Un espacio donde se socializa y se está a gusto, como en casa. Algo que, paradójicamente, le faltaba al Barrio Salamanca, huérfano de un sitio así. Y eso que siempre ha sido un barrio de todos: del vecino de siempre, de quien trabaja por la zona, del que viene de fuera… y acaba quedándose.
Por redacción, 23 de enero de 2026
Keli nace precisamente para eso: para convertirse en un punto de encuentro, con mesas pensadas para compartir y un ambiente que invita a no mirar el reloj. Un espacio donde la sobremesa vuelve a tener sentido, la conversación manda y el plan se alarga sin prisas ni rigideces, con un ticket medio accesible que invita a repetir.
Keli no gira solo en torno a sentarse a comer. Gira en torno a quedarse. A compartir platos, copas y tiempo, en confort.
Cocina para compartir
La carta de Keli se sintetiza en una cocina española casera, reconocible y bien hecha. Está pensada para pedir al centro y picar entre todos. El pan y los postres se hacen en casa, y los precios acompañan a volver y convertirlo en habitual.
Desde clásicos del aperitivo como el jamón ibérico cortado a cuchillo, la cecina, las gildas, las croquetas o los bocatines, hasta platos que nunca fallan: ensaladilla rusa, pimientos con ventresca, patatas bravas, tortillas, huevos estrellados, gambas al ajillo, almejas en salsa verde, chipirones en su tinta o callos a la madrileña. La carta se completa con carnes y pescados de los de siempre: merluza a la romana, albóndigas con patatas paja, pluma ibérica, dados de solomillo, steak tartar o rib eye. Una selección de postres caseros que invitan a pecar: la tarta de limón “Homenaje a Embassy”, milhojas o tarta de chocolate a lo golfo.
La sangría, en versión tinta o blanca, forma parte de la comanda desde el primer momento.
Una casa que se recorre por estancias
El espacio acompaña esa forma de vivirlo. Keli está distribuido como una casa madrileña en tres alturas, con un recorrido de estancias que se disfrutan sin prisa: Biblioteca, Salón, Cocina, Comedor, Bodega y Sala de Juegos.
En la planta a pie calle están la Biblioteca, el Salón y la Cocina. La Biblioteca da la bienvenida entre arte, techos altos y color. El Salón, cálido y luminoso, invita a que las sobremesas fluyan y se alarguen. La Cocina, abierta y sin filtros, deja ver al equipo en plena acción. En la planta de arriba, el Comedor y la Bodega se disfrutan desde las alturas: el Comedor es ese corazón de casa donde todo pasa alrededor de la mesa, y la Bodega aporta un punto íntimo que recuerda a esas casas donde cada botella guarda una historia.








