miércoles, julio 8, 2020

De cuando aprendimos a comunicar

Ahora veo las luces de enfrente de mi casa y puedo ver cómo los demás permanecen en las suyas, y aunque no podamos vernos, ni tocarnos, sentimos la imperiosa necesidad de tener que comunicarnos.

Por Rocío Bienert, Communications Manager de Telecoming

El ser humano es sociable por naturaleza, “necesitamos de los otros para vivir” (Aristóteles 384-322, a. de C). El rol que ha adquirido la comunicación durante las dos últimas décadas se ha vuelto casi una utopía. El avance de las civilizaciones desarrolladas ha cumplido las exigencias que este principio de siglo ha traído consigo:

Anteriormente algunas de las naciones del viejo continente crearon la Unión Europea (1 de noviembre de 1993) donde ya se venía advirtiendo que quinientas pesetas no equivalían a una moneda de dos euros. En 2008, la aparición de la crisis económica mundial nos dejó sin trabajo y sin ilusión a una generación criada entre algodones.

Emergen las nuevas tecnologías, el boom del avance, la expansión de la digitalización y con él, el control de la información global. Nosotros, los milennialls (nacidos entre 1981 y 1993) los interesados en eso de comunicar, asumimos el reto de contarle al mundo lo que iba a pasar. Definimos estructuras de trabajo rápidas con el propósito de favorecer la comunicación entre equipos, para después, contar las metodologías agile.

Aprendimos que las máquinas nos hacían pensar más rápido y acompañamos a los primeros directivos de las áreas de IT a contar en público, lo que era el machine learning. Nos alineábamos con las tendencias tecnológicas promoviendo la creación de plataformas sociales formadas por más de 2,500 millones de usuarios (Facebook). Ampliamos el uso del verbo compartir para compartir en redes, lo que otros no podían ver.

Nos hemos convertido en una sociedad globalizada y extremadamente organizada donde podemos trabajar a miles de kilómetros de la oficina sin movernos del sillón de casa. Estamos aprendiendo a concienciarnos con el medio ambiente y por eso, las tarjetas de crédito se extinguen para dar cabida a modelos de pago disruptivos donde el uso del plástico ya no es necesario. Estamos cambiando el mundo a través de la forma en la que nos comunicamos, adaptando nuestros hábitos y comportamientos. La innovación aplicada al desarrollo de nuevas tecnologías nos ha brindado la posibilidad de crear mensajes diferentes, en diferentes formatos y en distintos dispositivos. Lo hemos conseguido.

Hemos creado un sistema de conexiones de comunicación tan potente que aún sin poder vernos, ni tocarnos, nos sentimos. La capacidad de la selección natural de Charles Darwin y su maldita “Ley de la Supervivencia”.

Somos una generación que ha comprendido que hablar de evolución sin comunicación, carece de sentido alguno. Hemos entendido el momento de la inmediatez y también hemos integrado en nosotros mismos el valor de la información para reírnos de las fake news. Hemos comprendido el sentido que tiene el ser impecable con cada una de nuestras palabras, “porque ellas constituyen el valor que tenemos para crear” (Los Cuatro Acuerdos, sabiduría tolteca). Y es que al final, la comunicación no es más que eso, el poder que tenemos para crear y contar historias.