Comunicar en la Era del Periodismo Efímero y de Baja Calidad

El periodismo fugaz es el tema central de este capítulo del libro ‘La estrategia del pingüino: influir con mensajes que se contagian de persona en persona’ (Ed. Conecta), de Antonio Nuñez. Ofrecemos aquí un extracto del mismo.

POR REDACCIÓN. sábado 19 de noviembre de 2011

“La información en nuestros días no puede ser seria, porque, si se empeña en serlo, desaparece o, en el mejor de los casos, se condena a las catacumbas”, escribió Vargas Llosa en su artículo ‘La era del bufón’, publicado en El País el 19 de septiembre de 2010.

 

El periodismo de prestigio compite hoy por la atención del ciudadano que dispone de uña amplia oferta de nuevos contenidos surgidos gracias a las nuevas tecnologías de comunicación. El tiempo de atención de los ciudadanos es limitado, y el producto informativo riguroso de las grandes redacciones armadas de factcheckers compite en la misma melé junto con el variopinto producto informativo surgido gracias a las nuevas tecnologías de comunicación. Compite con el desparpajo del bloguero adolescente que cuenta sus experiencias vitales, con la proximidad del diario que escribe en internet un político famoso y con la inmediatez del tuit del ciudadano que pasa por casualidad junto al lugar de la noticia e informa a sus amigos en directo gracias a las redes sociales y a su teléfono móvil.

 

El periodismo tradicional compite también con la síntesis de las alertas informativas elaboradas por robots informáticos que enlazan a sus propios contenidos, con el rigor de instituciones que ahora pueden publicar masivamente y a bajo coste sus estudios, y con el entretenimiento de evasión de la prensa del corazón. En esta lucha encarnizada con nuevos competidores que presentan batalla en todos los frentes, los medios de comunicación tradicionales no tienen más remedio que «hormonar» o «dopar» sus noticias para que sean más luminosas, más llamativas, más sorprendentes y originales, o prometan más gratificaciones a los saturados ojos de los potenciales espectadores o lectores.

 

Ser espectaculares, prometer espectáculo, se convierte en un requisito mínimo para que logren destacar del resto de la melé. Negarse a ser espectaculares supone condenarse a tener audiencias minoritarias que no son rentables en términos publicitarios y que, además, no siempre están dispuestas a pagar el coste real del producto informativo no subvencionado por la publicidad.

 

(…) Si aparecen sombras en el pasado de Obama, la prensa no puede contentarse con iluminarlas. Para captar la atención del ciudadano ­-hastiado por la inabarcable oferta informativa- las sombras deben ser salpimentadas con hipótesis de mentiras de Estado, conjeturas sobre falsificaciones de documentos oficiales y activistas airados. Bajo esta tormenta de arena, la confusión de géneros informativos está servida.

 

La información se funde con el entretenimiento en el infotainment, la publicidad se cuela en los contenidos con el publirreportaje o infomercial, el documental se abraza al drama en el docudrama... y así hasta el infinito. El único requisito mínimo para que cualquier información pueda competir en la melé para salir del aluvión es: el espectáculo.

 

La segunda estrategia de los medios de comunicación para sobrevivir a la crisis de su modelo es la del periodismo tertuliano, el periodismo de opinión. Sentar a varios periodistas a debatir sobre una noticia de tema polarizante es mucho más barato de producir que el costoso periodismo de investigación, sus viajes, sus corresponsales y sus enviados especiales. El paroxismo de esta enfermedad se produce cuando los periodistas más brillantes de las redacciones acaban dedicando su tiempo y su talento profesional a polemizar en las tertulias o los debates televisivos. Pero los debates no solo requieren de tertulianos brillantes; también necesitan de ideas polarizantes y espectaculares sobre las que debatir.

 

Ahí es donde tienen cabida y cancha las ideas rocambolescas de personajes excéntricos y las hipótesis de bufones mediáticos. El objetivo último es proporcionar al público potencial un debate más intenso, vistoso y espectacular. La coartada para que incluso los medios de comunicación de prestigio presten atención y dediquen espacios en sus tertulias a chocantes teorías conspiracionistas suele ser la amplia difusión que estas han logrado previamente mediante procesos de comunicación de persona en persona. La excusa para poder generar un producto periodístico de elevada audiencia y bajo coste es que «tenemos que hablar de esto porque es el tema del que todos están hablando en los nuevos medios en este momento».

 

La estrategia de supervivencia del periodismo tertuliano de la prensa tradicional explica la desproporcionada atención mediática de que gozan en EE.UU. personajes como la republicana Sarah Palin; Sarah Ferguson, la duquesa de York, en Reino Unido; o Belén Esteban en España. Si obtener la información sobre la que se debate es gratuito o tiene bajo coste, entonces la rentabilidad está doblemente asegurada.

 

La tercera estrategia de supervivencia de los medios tradicionales que favorece que los rumores infundados y los correos electrónicos en cadena ganen protagonismo mediático es: el periodismo géiser. Durante los primeros balbuceos de las nuevas tecnologías de comunicación se acusó a los nuevos medios de parasitar el costoso trabajo de los medios tradicionales. Las redes sociales, los blogueros y las comunicaciones de persona en persona nacían y podían subsistir gracias al alimento informativo que succionaban de los medios tradicionales. Sin embargo, con la consolidación de las nuevas tecnologías de comunicación empiezan a cambiarse los papeles. Los nuevos medios de comunicación se están convirtiendo en los caladeros donde la prensa tradicional pesca sus noticias. El periodismo tradicional debe estar atento a los rumores y a las historias rocambolescas que nacen de forma temprana y comienzan a circular en la red. El periodista no se puede permitir perder la oportunidad de cubrir la noticia en caso de que se compruebe la veracidad del rumor. Tampoco puede asistir impasible a que el rumor vaya creciendo en los nuevos medios hasta obtener un caudal de tráfico y una presión tal que lo propulsen hacía los medios masivos tradicionales... de la competencia.

 

Mark Jurkowitz, director asociado del «Proyecto Pew para la excelencia del periodismo», llama a este fenómeno el «periodismo géiser». El periodismo como guardián y juez de lo que es noticia y lo que no habría quedado obsoleto. Las historias borbotean en las profundidades de internet antes de bullir y explotar en los medios tradicionales a través de conductos favorables. El periodismo géiser favorece que los rumores logren captar la atención de los medios de comunicación. A veces hasta los medios de comunicación prestigiosos les conceden protagonismo por miedo a quedarse atrás a la hora de dar la noticia. Es lo que ocurrió con el rumor sobre la nacionalidad de Obama y el difunto periódico Rocky Mountain News. El rotativo —galardonado con cuatro premios Pulitzer de periodismo— publicó la falsa noticia sobre la doble nacionalidad de Obama, keniata y estadounidense. En cuanto descubrió el engaño tuvo que pedir disculpas a sus lectores por haberse precipitado.

 

Más información sobre La estrategia del pingüino.

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